Hay momentos en la vida en los que algo se rompe por dentro. No siempre de forma dramática, a veces silenciosa.
Empiezas a ver cosas que antes no veías. A sentir que ya no encajas del todo. Que lo que antes te sostenía, ahora se queda corto.
Eso que hoy llamamos despertar espiritual no es algo nuevo ni una moda de redes sociales, es más bien un proceso antiguo. Tan antiguo y humano como la humanidad.
Solo que cada época lo nombra con su propio lenguaje.
Joseph Campbell lo llamó el Camino del Héroe.
El cristianismo místico lo expresó a través del camino de Jesús.
Hoy muchas personas lo viven como “salir de la Matrix”.
No son cosas distintas. Es el mismo viaje.
Todo empieza con una llamada.
No suele ser luminosa. Suele ser incómoda. Una sensación de “esto ya no”. Una crisis, una pérdida, una ruptura interna. No sabes exactamente qué está pasando, pero sabes que no puedes volver a mirar hacia otro lado. Algo en ti ya despertó.
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Después viene el desierto.
El vacío. La noche oscura del alma.
Ese momento en el que te quedas sin referencias externas. Cuando ya no te sostienen las creencias antiguas, ni los roles, ni las expectativas. Jesús pasó cuarenta días ahí. No para castigarse, sino para despojarse. Para enfrentarse a las tentaciones del ego: el poder, la validación, la identidad falsa.
Quien despierta atraviesa su propio desierto. Y suele hacerlo en soledad.
Cuando el proceso avanza, el impacto ya no es solo interno. Empieza a notarse fuera. Cambias. Ves distinto. Te posicionas distinto. Y no todo el mundo puede acompañarte ahí.
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Aquí aparece lo que yo llamo la crucifixión simbólica.
✅ Relaciones que se caen.
✅ Entornos que ya no sostienen.
✅ Personas que no entienden, que se alejan o te rechazan.
No porque estés haciendo algo mal, sino porque ya no juegas al mismo juego. Salir de la Matrix tiene un precio: dejar de encajar.
Jesús no solo murió en una cruz. Fue traicionado, abandonado, ridiculizado. Murió también socialmente. Como muere toda identidad que deja de servir al sistema y a la Matrix.
Pero el camino no termina ahí.
Hay una parte del relato que casi nunca se explica y que es esencial:
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Jesús desciende a los infiernos como paso necesario, su descenso es la sombra. El trauma. Las heridas que no habías querido mirar.
Las partes de ti que fueron negadas para sobrevivir.
No hay despertar real sin este punto. No hay luz sin atravesar la oscuridad.
No hay integración sin mirar de frente lo que duele.
Y entonces, algo cambia. No de golpe. No como un final de película.
Algo muere de verdad… y algo nace.
La resurrección no es volver a ser quien eras. Es dejar de necesitar serlo.
Es habitarte desde otro lugar. Más honesto. Más libre. Más entero. Jesús resucitado no es reconocido al principio porque ya no vibra igual.
Así ocurre también con quien ha atravesado su proceso: sigue en el mundo, pero ya no pertenece a él del mismo modo.
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El despertar espiritual y despertar de consciencia: Lilith Bruja Intuitiva, en Spotify.
Las listas de reproducción que comparto aquí están organizadas siguiendo mi propio viaje por el despertar espiritual y despertar de consciencia.
Cada fase tiene su sonido. Su ritmo. Su verdad. Porque la música llega donde las palabras no alcanzan, y las enseñanzas y lecciones también; el corazón, el alma, el crecimiento interno y externo durante el proceso.
Si te reconoces en alguna parte de este recorrido, no estás sola. No estás rota. No estás fallando.
Estás recordando quién eres.



